Colección Nuevas especieS

Melocotones sin almíbar

Los taoístas veneran a ocho inmortales, quienes en diferentes momentos de la historia, tienen en común el que, a través de sus buenas obras, hayan conseguido la inmortalidad.

Este grupo de inmortales vive con los dioses en las montañas de Kun Lun, donde disfrutan de los jardines del Emperador del Jade, donde crece el melocotonero mágico de la inmortalidad.

Cada 1000 años la emperatriz Wang, esposa del Emperador del Jade, hace una celebración e invita a todos los Dioses y a los ocho inmortales, a comer de estos melocotones mágicos de la inmortalidad. ¡Que otra imagen podría ser más acertada para representar al erotismo que con la fruta del melocotón mágico de la inmortalidad!

El melocotón, gota, fruta, esfera dorada de un jardín perdido, huevo vegetal seminal de la victoria de los sentidos, de lo orgánico sobre la razón. Victoria de lo “eterno” sobre lo “transitorio”. Eros de piel y símbolo, que nos redime en el placer y hace que por unos gloriosos momentos nos sintamos dioses. Poderosos protagonistas del deseo. De la inmortalidad que nos hace olvidar la cadena de las limitaciones humanas.

Sin dulce en este caso, melocotón sin almíbar, porque la fruta en su estado natural es la manifestación realista de esta condición culturalmente, socialmente oculta. Doblemente existente por oculta.

Hablar del erotismo es también hablar de la vida. No de la vida individual sino de la vida gremial como una construcción posterior. Los costarricenses hemos vivido siempre el erotismo desde muchas facetas: desde la música, la poesía, la pintura, el cine, el teatro y la fotografía como metáforas del arte y la imaginación, y desde los tres sentidos que restan al área de lo sensual como lo indican el placer de la comida, y la proximidad táctil y olfativa, que van conformando el mundo de nuestras formas tangibles: los objetos que nos rodean, la ropa, los fetiches y todo lo relacionado con la evocación y la memoria, con los conceptos y las ideas.

Ahora queremos presentar una de las facetas del erotismo más directa: desde el poder de la palabra en el relato. A esta faceta, tan poco investigada y mencionada, la hemos llamado “el relato costarricense proto-erótico”. El melocotón sin el almíbar de las vestiduras tradicionales.

Toda antología presume de antemano de haber encontrado y seleccionado lo más representativo del asunto a tratar, en esta ocasión el tema erótico. Pero en este caso, dada la novedad del tema que unifica la presente colección de relatos, es probable que se hayan quedado guardados en los cajones, varios textos de escritores que a la hora de la convocatoria los dieron por perdidos, o bien no quisieron participar o lamentablemente no ocurrió el contacto deseado.

No es para menos, el tema de alguna manera asusta a quienes puedan seguir viendo al ámbito de lo erótico como muy lejano del tradicional anecdotario nacional.

La presente antología es un primer intento por reunir a autores, unos más reconocidos que otros, en torno al imaginario costarricense de lo amoroso, de lo sexual y de lo convocado por el propio compendio de Eros, incluido en él su furia y su poder.

Los relatos que aquí aparecen nos dan a conocer descubrimientos muy interesantes en torno a este imaginario: Lo que construimos los costarricenses de la generación posterior a los setentas en el campo erótico, esta ligado al dolor, a la transgresión, a la mutilación, al abuso del poder, a la incomunicación, al infantilismo, a la evasión y al humor sarcástico. De alguna manera a esto nos referimos cuando escogimos el subtitulo de “relatos eróticos”. Dista mucho camino todavía para llegar al erotismo en igualdad de condiciones, entre minimalistas escenografías permisivas a la expresión del juego amatorio producido en sociedad. La cultura de lo erótico es algo que aún está en construcción, empezando a comunicarse más allá de los estudios académicos y del consumo importado de insumos sexuales.

No obstante el que este sea un primer intento de antologar el relato erótico, el tema no es nuevo en Costa Rica. Ya autores como Manuel Argüello Mora (1834-1902), en Elisa del Mar, Carlos Salazar Herrera (1906-1980), en Cuentos de Angustias y Paisajes, Yolanda Oreamuno (1916-1956) en Valle Alto y Carmen Naranjo, 1928, con Ondina, entre otros, tratan los temas de sus relatos con ciertas dosis de erotismo. La forma como describen la figura humana, la misma naturaleza costarricense con sus paisajes y las relaciones interpersonales y de pareja nos indican un particular panteísmo estético. Simbolismo que en la actualidad no podemos dejar de ver como alusivo a la sensualidad y al erotismo.

Los cuentos antologados en Melocotones sin almíbar, representan la visión erótica actual.