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Colección Nuevas especieS 21 cuentos primitivos
Cuentos primitivos, por primerizos y primigenios, por tener el encanto del nuevo invento, poseyendo la fuerza y la esperanza de ir muy lejos, robándole horas a la rutina, trazando mapas en el Taller de la Palabra de cada jueves. Los cuentos primitivos tienen la magia de los primeros sueños. Animan las pasiones y la libertad de los pueblos entretejiendo sus historias con el hilo de sus propios destinos. Estas Nuevas especieS literarias están escritas y listas para ser leídas. Guardan el calor de las remotas fogatas, que como cuidadoras nocturnas de la esperanza, vigilan con su Lumbre, para que los recuerdos de los primeros relatos no se pierdan en el olvido de los amnésicos imperios comerciales. El lector podrá disfrutar de ese antiguo fuego en cada página que lea de estos cuentos Primitivos, a la luz de esta nueva Lumbre. Los autores: ¿Por qué escribimos? Floria Bertsch Hernández Agrónoma, o lo que es lo mismo, con las manos y el corazón hechos de tierra. Escribo hojas sueltas desde que aprendí a darle forma a las letras, por el simple gusto de estirarme, de ir más allá del límite de mi letra anterior. Con cada texto que escribo siento que nazco! y crezco! un poco más, que descubro una parte nueva dentro de mí, y eso, me gusta. Lo disfruto. Muchas veces, además, escribir me explica el sentido de existir. No soy la misma después de cada puño de letras que me atrevo a atrapar en un papel. Entonces, como parte de esta manera mía de seguir existiendo, sencilla y casi diría, ineludiblemente, escribo. Y sospecho que lo seguiré haciendo mientras ande por aquí... Janina Bonilla Pignataro Nací envuelta en los celajes encendidos de naranjas y lilas, un atardecer de marzo. Siempre quise combinar las palabras, jugar con los tiempos, crear emociones, dialogar con personajes, reír y llorar con los sucesos para lograr un estilo de narrativa que permita recrear todas esas cosas para el disfrute de los otros, que es el nuestro. Así, tras mucho transcurrir, participé en el 2001 en el libro Niñas y Niños del 48 escriben con el cuento Yo lloraba quedito y publiqué en el 2002 el libro de cuentos Cóntamelo desde el principio. Fabiola Campillo Correa Colombiana por nacimiento, italiana por adopción y centroamericana por opción. Comencé a escribir en una época en que se me aparecían personajes al alba y me narraban sus historias. No eran personajes de los sueños. Posesión neurótica, me dije. Pero en silencio continué a oírlos. Les hice caso, me inscribí en el taller de Dorelia para descubrir que tenía la facultad de narrar algunas historias, solo algunas, por ahora. A mi me resulta una terapia; se trata de calmar las mariposas amarillas que cargo en el vientre. Y bueno... Aquí estoy en esas, aprendiendo a gozar del arte de narrar. Rafael Gamboa Durán Escribo porque sino muero Oscar Julio Rímola Umaña Escribo por la necesidad de darle vida a mis fantasmas internos, vistiéndolos de piel, y el placer de veros con vida propia, en lugares inimaginables y uno, como un pequeño Dios compartiendo sus vivencias y manipulando su entorno, sin complejos de culpa o remordimientos morales. Sylvia Rodríguez Me llamo Sylvia, Selva, como dice la etimología, o el “espíritu de la Selva”, según me lo susurró el espíritu de un árbol amigo cuando cumplí once años. Mercurio, el mensajero de los dioses, marcó mi nacimiento, en la primera decanatura de su gobierno, de ahí que comunicar, en cualquiera de sus expresiones, haya sido siempre parte de mi naturaleza primordial. Por eso escribo, porque si no, me reviento. Me revienta olvidar las fantasías de la niña que aun alimento, y que sin duda, es mi parte más querida. Escribo desde que tengo memoria, y tal vez por eso, escribo para no olvidar, y porque no quisiera, jamás, acostumbrarme, y mucho menos, sustraerme, a mi capacidad de asombro. Harry Wohlstein Mis antecedentes con las letras se resumían a meras escaramuzas: un concurso literario, en mis tiempos del Liceo de Costa Rica, que me sembró el entusiasmo a pesar de que el profesor de Castellano me obligó a escribir; una aventura editorial inspirada por mi profesión de Abogado, la Editorial Juricentro, en la cual participo desde su progenitura y que es la primera en el país en el género de la literatura jurídica; y, ocasionalmente, algunos artículos periodísticos. Buscando luego cómo “chinear” mi alma, tuve un encuentro con el arte, lo escudriñé con cuidado hasta dar con un brote que cautivó mis sentidos: el arte de la palabra escrita. De esta seducción me nació una criatura: “De Sarapiquí a Bruselas vía Zapote”, una novela que publiqué para recrear mi pasión con el desarrollo sostenible en el campo forestal. Ahora, con ese preciado hallazgo en mi mano, -el arte de la palabra escrita-intento abrir espacios en mi cotidianidad, -a veces alienante-, que me permitan seguir experimentando y disfrutando el encuentro maravilloso con esa expresión del alma que me es tan cautivante y sublime.
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